Volver a Portada de Noticias

Volver a Portada de Noticias

Cesar Aira - Elescritor y sus meandros

aira.jpg (17013 bytes)por Lidia Alicia de Ale
César Aira y el barrio de Flores
Recientemente tuvo lugar la VI Bienal de Literatura Latinoamericana en la ciudad de Mérida, Venezuela. Este encuentro del que participaron más, de cien escritores, se caracterizó siempre como lugar propicio para la lectura de vanguardia. No extraña que César Aira fuera un participante de la primera hora. Al punto que le inspiró su propia novela El Congreso de la Literatura, donde con buen humor e intrigas desopilantes, se atreve con el mismísimo Carlos Fuentes. Cuando se lanzó este libro La Nación - Cultura, reprodujo el prólogo que se puede disfrutar independientemente y lleva por título El Hilo de Macuto, una pequeña muestra del arte de crear y contar que tan bien domina C. A., quien, además de sus más de cincuenta novelas,es autor teatral, traductor, ensayista y conferencista. Entre tantas obras hay una que sorprende por lo abarcativa, es el Diccionario de Autores Latinoame-ricanos, seiscientas cuarenta páginas, quinientos años, de literatura y más de mil autores. Textos, biografías, testimonios y juicios personales, a favor o no, donde el autor se mueve como pez en el agua. No resistimos extraer uno solo sobre un vecino, como él, de Flores: Roberto Arlt, de quien concluye: es sencillamente, el mayor novelista argentino. En los últimos años C. A. viene ganando respeto y reconocimiento notables.
Sus obras se editan exitosamente en toda América y España, Francia, Italia e Inglaterra. Su novela de 1981 Ema, la cautiva, fue recientemente traducida al alemán y su autor invitado especialmente, dio conferencias en las ciudades de Bremen y Munich. De allí la invitación se extendió a Austria y Suiza. Barrio lindo de mi ensueño... A los vecinos de Flores nos enorgullece que un intelectual exitoso, viva por elección entre nosotros desde 1967 (nació en Coronel Pringles en 1949). Pero hay más, este hombre que pasa parte de su vida cambiando aviones, hoteles, ciudades y países; que se disputan las editoriales y convoca auditorios selectos, cuando vuelve a su casa de Flores, no se encierra en la torre de marfil. O para decirlo más sencillamente, en la intimidad de su hogar a regodearse entre recuerdos, filmaciones, fotografías y regalos. Se dice que amparado en el anonimato (que tiene mucho que ver con su resistencia a mostrarse en los medios masivos) munido de libreta y lapicera, se instala en algún café, de los más céntricos hasta los más alejados. Desde allí observa, urde intrigas y al parecer se divierte de lo lindo. Con media docena o más, de novelas ambientadas en Flores, C. A. parece decirnos: nada es lo que parece. Algunos, ejemplos: El sueño, se presenta con lo más cotidiano; porteros de la calle Bonifacio a la mañana muy temprano, y hacia Directorio el puesto de diarios de la ochava y sus reconocibles dueños. Una descripción casi bucólica que nos va llevando a una guerra insospechada. En La mendiga, la protagonista se desmaya de hambre entre El Camino Real y Pumper Nic. Socorrida. por una doctora que pasa en ambulancia (que no son tales, pero esto es otra historia dentro de la historia) y al doblar Rivadavia hacia el Piñero son observadas por los maniquíes sentados de The Hardin. Este comienzo dramático pero sencillo, deviene en vigoroso folletín, donde nuevamente el autor demuestra que la realidad queda al mismo tiempo arriba y abajo de la historia. En La villa, un joven fortachón y buenazo ayuda a los cartoneros a empujar sus carritos cuando vuelven cansados por las tardes.
A su vez ellos lo protegen de un amenazante malvado. En el final todo se desmadra, por que los malos de Aira son malos con ganas, irredimibles e irrecuperables. El apicultor de La abeja que vive en una casita del Pasaje Salala, con mujer y cuatro hijos, aunque un poco nervioso, nada hace sospechar hacia el final su conducta extrema. Quien lo lea nunca más cortará camino de noche por el Pasaje Espejo. En la sospechosa quietud del suburbio... Las noches de Flores, recién aparecida, se inspira en los jóvenes motoqueros de Heladería Freddo y Pizza Show, y un matrimonio Aldo y Rosita, de los que más vale cuidarse. Esta vez las sorpresas llegan hasta el barrio de las casitas baratas. Una observaci6n frívola: en las solapas no aparece la fotografía del autor. Algunos especulan que en el próximo libro aparecerá una f6tografía actualizada. Y siguiendo con la frivolidad (que cuando empíeza no para fácilmente) unas personas opinan que ésta, mostrará un C. A. mundano, corte de pelo a la italiana, anteojos Ives Saint Laurent y rernera Lacoste. Otras, sostienen que no cambiará su. estilo de muchacho de barrio, fiel a lo nacional y popular. Aquí viví toda mi ardiente fantasía... Es fácil por este camino llegar a la exageración. Hay quien llegó a pensar que si la fama de C. A. sigue creciendo en el exterior y con el auge del turismo hacia la Argentina, no faltará la agencia que promueva visitas guiadas por San José de Flores, siguiendo los pasos de César Aira. Un tour por Plaza Flores, la Basílica y los pasajes que la circundan, la villa de emergencia del Bajo Flores, El Barrio de Casas Baratas, los cafés, pizzerías y heladerías, los maniquíes, los gimnasios, etc. Una inmejorable oportunidad para el comercio, las artesanías y la cultura en general. No sería desacertado cerrar el tour con una exhibición de tango en la Plaza Misecordia, No falta el aguafiestas que se preocupó por el impacto ambiental de los micros de dos pisos desplazándose por nuestras callecitas. En fin, son desvaríos a los que todos tienen derecho. No hay que olvidar que, después de todo, se trata de seguidores de C. A. Cuando tu pasas caminando por la calle... Lo que es cierto, es que las ciudadanas y ciudadanos que circulan por Flores, tienen altas posibilidades de ser observadas por el ojo atento del escritor y ensartados. por su afilada pluma. Siempre azarosa, nunca ingenua, y a veces impiadosa.