>>> aguafuertes
gallegas>>>Por Lic. María González Rouco
Roberto Arlt viajó a Europa en 1935, enviado por el diario El
Mundo, y remitió desde allí sus Aguafuertes gallegas, serie de notas sobre los
gallegos y su relación con América, en las que tiene gran importancia el tema de la
inmigración a la Argentina. En este trabajo escribo sobre Arlt y su tiempo, a partir de
textos de especialistas, y luego me ocupo de esta obra, que fue editada, prologada y
anotada por Rodolfo Alonso. Famoso por su obra de ficción, quizás pocos recuerden que
como afirma Juan Martín Roldán en "Arlt frente al espejo" (Magazine
semanal, 28/7/2000) el escritor "vivía de su pluma, lo único que le daba
de comer y a lo que volvía invariablemente cada vez que fracasaban sus incesantes
intentos por crear el invento de su vida, el que lo hiciera rico". Su talento para el
periodismo es memorable. Miguel Wiñazki destaca en "El periodista" (Clarín
Viva, 2000) las condiciones de Arlt para esta profesión: "Estaba poseído por el
hambre de los desesperados, por la codicia de los menesterosos, por la mugre de los que
nacen en los bajos fondos. Portaba todos los pecados necesarios para afrontar ese oficio
terrestre y arduo que requiere sobre tododel corazón puesto en las verdades callejeras
para hacer de la crónica diaria algo que tenga que ver con el ser y no con la nada. (...)
Escribía por dinero y contra reloj y contra muchos jefes miserables, como escriben todos
los periodistas. Con esa arcilla hecha de realidades, desesperaciones y talentos
reinventó una nueva literatura argentina. La que crece fuera de la torre de marfil".
Luis Gregorich señala en un estudio incluido en la Historia de la literatura argentina
(Buenos Aires, CEAL, 1980) que el autor de Los siete locos trabajó en varios medios
periodísticos: "primero, en Don Goyo, revista humorística dirigida por su
amigo Nalé Roxlo; luego, como cronista policial en Crítica, el gran diario de los
Botana; y finalmente, en El Mundo, a invitación de Alberto Gerchunoff, quien es
muy pronto reemplazado por Carlos Muzzio Sáenz Peña. En este último diario
agrega se consagrará como cronista porteño con la inolvidable serie de sus
Aguafuertes". Luis Ordaz sostiene en otro trabajo incluido asimismo en la Historia
de la literatura argentina que Arlt "fue un periodista de ágil teclear
sobre la máquina, notero agudo, zumbón y pintoresco, narrador insólito y
vigoroso". De esa pluma surgieron las Aguafuertes porteñas, a las que siguieron las
Aguafuertes españolas y las Aguafuertes gallegas. Ema Wolf y Guillermo Saccomanno lo
consideran un "extraordinario escritor", pero no todos fueron elogios para Arlt.
En 1956, Borges expresó a Adolfo Bioy Casares: "En Crítica estuvo dos días
y lo echaron porque no servía para nada. No sabía hacer absolutamente nada. Me
explicaron que sólo en El Mundo supieron aprovecharlo. Le encargaban cualquier
cosa y después daban las páginas a otro para que las reescribiera. Dicen que reuniendo
sus aguafuertes porteñas, que son trescientas y pico, podría hacerse un libro
extraordinario. Imaginate lo que será eso. Las escribía todos los días, sobre lo
primero que se le presentaba. Menos mal que algún otro las reescribió". "Me
aseguran que después se cultivó agrega el autor de El aleph, leyó a Faulkner y
todo eso lo demostró en un artículo de dos páginas, algo magnífico, en que estaba
todo. Sobre la crisis de la novela: qué título. Ya te podés imaginar la idiotez que
sería eso". El 2 de abril de 2000, Clarín publicó un número especial para
conmemorar los cien años del nacimiento del escritor. Sylvia Saitta, autora de El
escritor en el bosque de ladrillos (Sudamericana, 2000), biografía de Arlt, colaboró
en este suplemento con el texto titulado "En busca de las pistas falsas" en el
que sostiene que el protagonista de su libro "realizó su primer y único viaje a
Europa y buscó convertirse en cronista de unas noticias internacionales que sólo
hablaban del avance de los totalitarismos, de la masacre de poblaciones enteras, de la
crisis y la desaparición de viejas concepciones que ya no servían para explicar una
época de guerra y de violencia". ¿Por qué Aguafuertes? Sobre el título elegido
para las crónicas, nos dice Rodolfo Alonso, en el prólogo a las Aguafuertes gallegas
(Ameghino, 1997): "Como en esa técnica de las artes plásticas a la que alude su
denominación, el ácido despiadado pero en el fondo siempre compasivo y tierno de su
visión desprejuiciada y crítica los convertía en auténticos trozos de vida, retratos
de costumbres en la gran tradición de Fray Mocho y Roberto J. Payró, por supuesto, nada
complacientes". Alvaro Abós, por su parte, considera en "El amigo
uruguayo" (Clarín, 2 de abril de 2000) que "El aguafuerte literario, en
la intransferible manera en que Arlt lo practicó, imprimiéndole su sello,
identificándolo con la urbe porteña, destaca unos pocos rasgos que, al ficcionalizar el
tema o los tipos descriptos, aboceta para sintetizar y sacudir al lector".
Desde Galicia
Las Aguafuertes gallegas aparecieron en 1997, por
primera vez quizás, reunidas en un libro. La edición, prólogo y notas estuvieron a
cargo de Rodolfo Alonso, quien tuvo un destacado papel en la publicación de estos
artículos en un volumen: "por gentil mediación de Jorge Raúl Pérez relata
Alonso en el prólogo, pudimos enterarnos de que durante ese mismo viaje, Roberto
Arlt había visitado Galicia y enviado desde allí una nueva serie de crónicas: nada
menos que sus Aguafuertes gallegas. Cuidadosamente recortadas y pegadas, sin duda por el
fervor de algún paisano, esas páginas de hace más de medio siglo me llegaron ahora
fraternalmente fotocopiadas, salvadas del olvido". La difusión de estas crónicas
tiene gran importancia. Primeramente comenta el prologuista, "Estas
Aguafuertes gallegas no son solamente un nuevo ángulo de enfoque para enriquecer nuestra
visión, cada vez felizmente más compleja y fecunda, de uno de los más originales
escritores de nuestro tiempo. Esta posibilidad, de por sí, justificaría sobradamente la
lectura de las crónicas, pero continúa también nos sirven, además, como
auténtico lazo de ligazón entre ambas orillas, entre ambos mundos, no sólo para conocer
mejor a esa realidad porteña y argentina donde lo gallego se halla tan profundamente
entremezclado, como una sutilísima levadura, sino también para recordar cómo era
aquella Galicia de hace más de sesenta años, que quizá no sabía que estaba a punto de
anegarse (como toda España) en la tragedia heroica de la guerra civil". "Otro
de los motivos de interés de los textos agrega Alonso tiene que ver con la
condición social de Arlt. (Lo recordamos muy lejano de aquel Mujica Láinez que por esos
años escribió sus "crónicas andariegas" para La Nación). "Era
hijo de inmigrantes (prusiano, su padre; italiana, su madre) señala Roldán en el
artículo mencionado, apenas llegó a cursar quinto grado y de su padre recibió
poco más que golpes, por lo que se fue de la casa paterna a los dieciséis años".
Omar Borré, biógrafo del escritor entrevistado por Roldán, considera que él necesitaba
"cambiar su propia imagen, que desde chico había estado signada por el hambre, la
miseria y el fracaso". La relación entre el pasado personal y creación fue uno de
los temas que abordó Beatriz Sarlo, en "Un extremista de la literatura",
trabajo publicado en el número especial de Clarín, donde expresa: "La
hipérbole es una señal de clase en la literatura de Arlt.
Sobre la autora
María González Rouco es nieta de gallegos de Lugo y de La Coruña, es licenciada en
Letras por la Universidad de Buenos Aires y periodista matriculada. Ha publicado trabajos
sobre la inmigración de ese origen en La Prensa, La Capital de Mar del Plata, La Nueva
Provincia de Bahía Blanca y El Tiempo de Azul. En su paso por la Facultad de Filosofía y
Letras fue alumna de Mirta Arlt, en la cátedra de Literatura Argentina I. Sob |
Es la marca del escritor pobre. Por la exageración y la
radicalidad, Arlt busca llenar esa falta original de la cual habló tantas veces: no tener
ni capital en dinero ni capital cultural. Su marginalidad no fue institucional, ya que
desde muy joven fue un periodista estrella y un escritor de éxito. Pero, pese a los
reconocimientos, Arlt se sentía un recién llegado de apellido impronunciable".
Alonso se refiere a la condición social del escritor en relación con sus artículos:
"siendo el mis mísimo Roberto Arlt, como ya dije, también hijo de inmigrantes,
estaba en inmejorables condiciones de comprender, fraternizar y valorar a este otro pueblo
al que sólo las más difíciles circunstancias económicas y sociales como él
mismo bien señala habían obligado a la emigración. Y que, sin embargo, sabía
amar tan profundamente y como propia a su patria de adopción". Virtudes de los emigrantes
En estos artículos de Arlt son frecuentes las comparaciones: entre dos localidades
gallegas, entre los gallegos y los andaluces, entre los gallegos y los argentinos. De esta
última, no salimos bien parados, ya que el periodista advierte que nuestra inferioridad
en cuanto a capacidad de sacrificio y laboriosidad es la que hace que un sector de nuestro
pueblo desestime al gallego. El cronista nos habla de las duras condiciones en que se
desenvuelve la vida en el noroeste español y le resulta lógico que para el gallego
inmigrante todo sea sencillo en las Américas: "No se siembra sobre piedras. La
tierra es tan tierna que en verano se la cruza en ferrocarril entre grandes nubes de
polvo. Aquí, en España agrega, la tierra es tan dura, que en pleno verano,
cruzando la llanura de la Mancha, que no es llanura sino una sucesión de suaves colinas,
después de seiscientos kilómetros de travesía, conservamos la ropa limpia. (...) ¿Qué
significa el esfuerzo en la gran llanura se pregunta, comparado con la lucha
en la mar traidora o en la montaña empinadísima?" Al respecto, son particularmente
interesantes los artículos en los que se refiere a la pesca del pulpo y al trabajo de las
campesinas gallegas. De estas últimas comenta que se han quedado solas, pues los maridos
están en América o en el mar. Los que están en América, faltan de sus hogares desde
hace años, y sólo envían cartas y 'escasas pesetiñas'. Arlt transcribe un poema de
Rosalía de Castro, incluido en Follas Novas (que el lector podrá apreciar en la versión
original y en la traducción de Rodolfo Alonso); es aquel que comienza: "Se va éste
y se va aquel:/ y todos, todos se van, / Galicia, sin hombres quedas/ que te puedan
trabajar". Sobre aquellos que emigraron reflexiona Arlt en tierra gallega:
"Cómo se les ha de encoger el corazón cuando, en un momento de soledad, se acuerdan
de estas aldeas tan bonitas, tan envueltas en cortinados verdes, y cuando se acuerdan de
la caída de la tarde, del sol en el río, y de las voces de las gaitas, y de los bailes
en los calveros, y de las vacas que atadas con una cuerda llevaban a beber a un río, y de
los viñedos tan tupidos, y de sus casonas suspendidas sobre los abismos..."
Comprende cabalmente la morriña que agobia a estos hombres de dos continentes, y la
comprensión hace que se vuelvan para él más dignos de encomio. El cronista destaca,
asimismo, la seriedad de los gallegos, y la explica en una de sus notas: "he
insistido en que me llamaba la atención la seriedad del gallego, pero la seriedad a que
me refiero, no es la del ceño fruncido, sino a esa gravedad reflexiva, disuelta en la
expresión del semblante, por el hábito de la meditación". En la crónica dedicada
a la ciudad de Vigo, transmite sus impresiones acerca de la urbe moderna, muy limpia, con
mujeres bonitas y una atmósfera "naturalmente contenida y mesurada". Elogia en
estas páginas la honradez de los gallegos, que adquirirá fama proverbial en América:
"La gente es ferozmente honrada" asevera. Como prueba de ello, comenta que
"Las casas de pensión dejan la puerta abierta, de modo que por la noche, uno puede
entrar a la hora que llega sin necesidad de cuestionar con el sereno". La relación
entre España y América se evidencia, asimismo, en las donaciones que filántropos del
nuevo continente hacen a su madre patria, como "la llamada Biblioteca América, obra
de un patriota gallego residente en Buenos Aires, don Gumersindo Busto, quien tuvo la
feliz idea de fundar la Universidad Libre Hispano Americana" y la obra de los
hermanos Juan y Jesús García Naveira, dos comerciantes ya fallecidos en el año en que
se escriben las crónicas, enriquecidos en la República Argentina, cuyas donaciones
"son asombrosas por la cifra en metálico que representan". Pero, más allá del
aporte económico de los emigrantes, los vínculos entre las dos patrias se patentizan una
vez más para Arlt en Betanzos, donde observa que "Si se conversa con la gente os
sorprende de hallaros en una de las ciudades más argentinizadas de Galicia. Se habla
aquí de Buenos Aires como si fuera el pueblo de enfrente afirma. Circulan modismos
argentinos: 'no seas globero', 'macaneador', 'ché'. El tango para sorpresa mía, además
de bailarse se canta con la letra. No en balde, cerca de tres mil habitantes de Betanzos
trabajan en la República Argentina" En su sección "Y la nave va", del
diario Clarín, Daniel Molina escribió: "Entre la crónica de viajes y la pintura de
costumbres, entre la admiración por un pueblo y el análisis de sus virtudes y defectos,
estos textos (...) demuestran que para Arlt su pasión por la escritura no diferenciaba
entre los grandes relatos literarios y los géneros 'menores', como la crónica
periodística". Un crítico del diario La Nación afirmó, por su parte:
"Lúcida visión de una Galicia que ya no es, a través de unos ojos llegados de una
Argentina que todavía era, las crónicas de Arlt reflejan la admiración por un pueblo
honrado y trabajador, el dolor de los emigrantes y la lucha de las mujeres que se quedan y
se contagian del hechizo de la tierra celta donde el campesino convive, con poética
naturalidad, con hadas y espíritus que pueblan veigas, soutos y piñeiros". Así vio
Roberto Arlt la inmigración, desde Galicia. Así la vemos nosotros, décadas más tarde,
desde sus crónicas, plenas de admiración por un pueblo del que muchos argentinos
descendemos |