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1998-2004:

Dos recitales, dos finales

"Los sucesos de esta tarde llevan a la banda a tener que tomar una decisión: seguir o no sobre un escenario. Que se lastime alguno de ustedes no vale ningún recital de rock and roll". Mayo de 1998, localidad de Villa María (Córdoba), con estas palabras el líder de la banda Los Redonditos de Ricota, el Indio Solari, iniciaba su recital. Trescientos jóvenes habían pretendido ingresar al estadio sin entradas y como consecuencia de esto se produjo un enfrentamiento con la policía, el saldo: treinta detenidos y veinte heridos.

"No tiren más bengalas porque se prende fuego todo" pronunciaba el empresario Omar Chabán en el micrófono del escenario antes de dar inicio al recital del grupo Callejeros. "Portarse bien" era entonces la propuesta de Patricio Fontanet, líder de la banda, minutos antes de que República Cromañón (ex Reventón) se convirtiera en una trampa mortal para ciento noventa y cuatro personas (niños, jóvenes y adultos indistanmente) el pasado 30 de diciembre de 2004.

Si bien Callejeros puede ser puesto en una línea de continuidad respecto al modelo instaurado por los Redonditos, en tanto que ambos marcan una ruptura con el sistema de venta masiva y evitan las apariciones en los grandes medios de comunicación, el grupo de Villa Celina marcó un punto candente en la crisis social que a lo largo del tiempo se agudiza cada vez más. Aunque no lo parezca, solo seis años separan a los infortunados recitales, pero la diferencia en cuanto a las personas damnificadas abre un abismo imposible de sortear. También las responsabilidades asumidas por todos aquellos que de una forma u otra se hallan relacionados ahondan ese abismo.

La peor catástrofe no natural que tiñó al barrio de Once de negro es una muestra emblemática de que las responsabilidades de los actos ya no remiten a quienes efectivamente los realizan o inducen, muy a pesar, aparecen librados al azar. En medio de un torbellino de declaraciones unos a otros se exigen a gritos explicaciones: Omar Chabán (dueño de las instalaciones), Aníbal Ibarra (jefe de gobierno de la Ciudad e Buenos Aires), los inspectores del gobierno, Raúl Villarreal (jefe de seguridad del local), los bomberos, miembros del SAME, los integrantes de la banda ("Pato", Eduardo Vázquez, Cristian Torrejón, Juan Carbone, Elio Delgado, y Maximiliano Djerfy), Diego Argarañaz (el manager), Lorenzo Bussi (encargado de seguridad del grupo), policías de la comisaria séptima y por supuesto la sociedad en su conjunto. Aún así "la responsabilidad", a más de un año del siniestro, (ya que no existen en el escenario público "las responsabilidades) no encuentra donde asentarse.

Ambos episodios podrían haber terminado de la misma manera pero salta a la vista que el rock siempre fue y será el reflejo de una época, por este motivo las consecuencias fueron diferentes en cada uno de los casos mencionados. El concepto "cultura del aguante", propuesto por Pablo Alabarces, Doctor en Sociología, es una de las claves que nos permiten ver la dimensión de este trágico incidente que tuvo como protagonistas a los jóvenes contemporáneos: "aguantan porque es su única posibilidad de existencia, aguantan para demostrarse a sí mismos que están vivos a pesar de todo lo que le ha pasado a nuestra sociedad y de toda la represión que han sufrido".

Dos recitales, dos finales: solo pueden ser entendidos a través de la coyuntura histórica dentro de la cual se desenvolvieron y con la clara conciencia responsable por parte de cada ciudadano de nuestro país.

 

Un nuevo símbolo de la historia argentina

Bartolomé Mitre y Ecuador era hasta las 23.15 del 30 de Diciembre de 2004 un lugar más en la Ciudad de Buenos Aires. Como un mudo testigo veía durante el día el paso inquieto de los transeúntes que se escabullían presurosos hacia las paradas de colectivos, la estación de trenes o las entradas de los subtes. Por las noches el escenario se transformaba en un desfile de grandes multitudes ansiosas por disfrutar de un momento de diversión, en esa noche trágica: un momento para gozar la música de una de las bandas urbanas preferidas por los jóvenes contemporáneos llamada Callejeros.

Pero esa esquina ahora emblemática ya no constituye un mudo testigo. Todo en ella y en sus alrededores habla de la crisis social en la cual nos hallamos inmersos. Es un símbolo de una sociedad resquebrajada que tal como piezas que se van uniendo en un denso y complejo rompecabezas intenta estructurarse y consolidarse.

El sitio que esa noche convocó a casi cuatro mil personas y que se llevó la vida de ciento noventa y cuatro de ellos, sin hablar de aquellos a los cuales no se les quitó la existencia pero que se les imprimió en ella marcas imborrables, ahora habla a cada uno de los ciudadanos que a diario pasan por él. La sensación de vacío, soledad y dolor se desprenden de sus paredes, de sus calles combinándose con las primeras imágenes que los medios transmitían desde la tragedia que se estaba desencadenando en el barrio porteño de Once.

Ya nadie puede transitar indiferente ante un sitio que refleja la identidad fragmentada de la cual las generación de los jóvenes son herederas y que actualmente se convirtió en un santuario popular que expresa los sentimientos de todos ellos. Ya nadie puede negar que los lamentables hechos no responden a determinados sujetos sino que existen grados de responsabilidad que llaman la atención sobre todos los habitantes del suelo argentino.

Rock: ¿Espíritu festivo?

Los recitales de rock siempre se constituyeron en ocasiones propicias para los disturbios. Propicias sí. Pero entonces, ¿Cómo podemos evitar que la fiesta del rock ocasione facetas negativas?

La banda liderada por el Indio Solari y sus seguidores dieron durante su época de "consumo masivo" numerosas muestras de ello. El incidente mas grave aconteció en abril de 1991, con la detención del joven Walter Bulacio en la puerta del estadio de Obras Sanitarias, que terminó con la muerte del joven de 17 años por los golpes que recibió en la comisaría número 53. Este hecho generó una disputa histórica entre los seguidores de Patricio Rey y la Policía, fue el punto nodal que marcó los enfrentamientos posteriores.

Los recitales posteriores también fueron causa de disturbios menores: varios detenidos y heridos eran el resultado de las presentaciones de la banda frente a una multitud de fanáticos. Pero luego del tumultuoso recital de Villa María los hechos volvieron a cobrar gravedad: un joven fue muerto a puñaladas, ciento quince personas fueron heridas y catorce detenidas.

El trágico hecho acontecido en el boliche de Once dio como resultado cifras elevadamente más escalofriantes de damnificados. Además de aquellos que perdieron su vida en el lugar existen muchas otras víctimas que deben vivir el día a día con las secuelas físicas y psicológicas que el incendio les ha impreso en su cuerpo y en su alma.

El caso de los Redondos nos remite a una banda en particular y por ello su solución fue mucho más simple (el grupo prefirió retirarse frente al panorama desalentador de sus recitales masivos). Pero el Caso de Callejeros quebró los límites de lo imaginable erigiéndose como referente emblemático de una época, entonces nos preguntamos: ¿Qué podemos hacer para recuperar el espíritu festivo del rock?, ¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros desde nuestro lugar para que algo similar no suceda nuevamente?.