Basta recorrer las calles de
nuestra ciudad para ver con claridad la conducta social de los individuos que la habitan.
Y nuestro barrio de Flores no escapa a la regla. El caos y el practicamente nulo respeto
por las reglas de tránsito puede palparlo cualquier vecino que tenga la intención de
observarlo, sin que ello le ocupe mucho de su tiempo.No es casual que la Argentina se ubica en el quinto lugar mundial en cantidad de accidentes de tránsito y que representan la primera causa de muerte en menores de 30 años, sin que dicho siniestro dato pareciera provocar indignación, miedo, responsabilidad o ningún otro sentimiento entre los integrantes de la sociedad, ni tampoco entre los funcionarios gubernamentales que deberían prevenirlos. Las pérdidas de vidas humanas parecerían no ser suficientemente contundentes para alarmar, mucho menos parece influir el costo económico, estimado en aproximadamente el 1,5% del Producto Nacional Bruto. Coincidimos con quienes opinan que es erróneo utilizar el término "accidente" para referirse a un siniestro en la vía pública, ya que el azar juega un escaso papel en la gran mayoría de los casos. Pareciese que en las calles de Buenos Aires no tuviese sentido ni existiera deseo por respetar los códigos de convivencia, ni que tampoco hubiese una real voluntad por controlar su cumplimiento realmente. En la calle hay una ley escrita que dice que el peatón tiene prioridad, aunque la pràctica indica que si este no espera el paso sería seguramente atropellado. El tema es que una regla de tránsito no es màs que una norma de convivencia entre integrantes de una sociedad que dá más muestras de preferir el juego de una ruleta suicida antes que respetar las normativas. |
|