Quizás
no sea el título más adecuado para el contenido de la carta que les remito, pero creo
que tiene una íntima ligazón con él.
El pasado sábado 13 de mayo, alrededor de las 20 hs; haciendo un poco del famoso zapping
por los canales de televisión, me detuve sorprendido en Azul TV por la letra de una
canción interpretada por un grupo de música denominada "bailantera" llamado
"Yerba Brava" (será saborizada?)
Me gustaría aclarar que con este comentario no deseo involucrar a este tipo de música, a
la que considero tan representativa del gusto popular como cualquier otra, sin más ni
menos méritos que ninguna. Y que sus ejecutantes, como en cualquier orden de la vida, no
deberían ser incluidos en juicios genéricos de valoración.
Volviendo al tema en sí, el mismo relata la vuelta de alguien que por delinquir debió
cumplir una pena de prisión, lo extraño y a mi juicio reprochable es que el estribillo
consiste en repetir "Yuta Compadre" para que luego el cantante del grupo le
brinde el micrófono al público, quien en repetidas ocasiones respondía: La C
de
tu madre.
Perdón pero no me pareció prudente transcribir textualmente la frase prefiriendo que sea
completada con la imaginación más elemental.
Agravada la situación por la presencia de numerosos menores de edad, y por la difusión
de lo comentado en un horario televisivo que personalmente estoy creído es de Protección
al Menor, no estoy capacitado para definir si este hecho transgrede alguna ley o
reglamentación vigente, pero sin considerarme un pacato estoy convencido que sí
transgrede el más mínimo sentido común de educación que como mayores estamos obligados
a transmitir a nuestros hijos que son la generación en la que por ley de la vida debemos
poner el futuro de nuestra sociedad.
El mismo día leyendo un matutino de gran circulación, observo una estadística donde
expresan que Buenos Aires posee mayor cantidad de policías por habitante que otras
ciudades a las que tradicionalmente hemos considerado más peligrosas que nuestra querida
Reina del Plata.
Por ello el título, estoy convencido que los problemas de seguridad que nos azotan día a
día no solo se solucionan mágicamente con más personal policial en la calle; debemos
solucionarlos responsablemente desde todos los sectores de la sociedad, comenzando por la
familia y terminando por el Estado. Debemos abandonar la hipocresía de resaltar
constantemente la violencia y luego sucumbir al Poderoso Caballero Don Dinero permitiendo
una incitación como la comentada anteriormente.
Por suerte estoy seguro que somos muchos y mayoría quienes compartimos el mismo sentir de
una educación responsable de nuestros menores, y que anhelamos un futuro mejor para
ellos. Pero también creo que muchas veces pecamos de silenciosos y no hacemos oír
nuestro pensar públicamente, permitiendo que los espacios vacíos que vamos dejando sean
ocupados por gente que no tiene tan claro el orden lógico en una escala de valores
morales.
Julio Enrique Emperador |