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"La Obra Maestra" |
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| Ludovico
Ariosto ingresó somnoliento a su trabajo en esa mañana de un tórrido mes de enero.
Durante la noche había dormido poco y mal, lo que se reflejaba en su rostro fatigado. Humilde empleado de una empresa de productos alimenticios, acariciaba desde temprana edad la ilusión de llegar a convertirse en célebre escritor, y fiel a su vocación se lo veía, en sus escasos momentos de ocio, con el libro de algún notable autor o poeta en sus manos. El día anterior, mientras las incipientes oscuridades de la noche creaban el clima propicio, sentado en la rústica mesa en una habitación que solo denotaba la existencia de ocupantes por la desvencijada cama a medio hacer y el pantalón colgando del precario perchero, intentó plasmar el deseo tantas veces añorado. Desbordando entusiasmo daba inicio a su primer trabajo literario, un cuento corto. En los primeros sesenta minutos rompió cinco veces las páginas escritas, hasta que, más confiado, después de transcurridas siete horas y de haberle hecho innumerables correciones dió término al cuento, desarrollado en cuatro hojas. Lo leyó y releyó hasta extenuarse. La complacencia le brotaba por los poros, y ya en el éxtasis de su exaltación piensa:-ésta será considerada mi obra maestra; por ella es posible que mi nombre figure en la historia de los más grandes autores de todos los tiempos; apareceré n prestigiosos periódicos; me harán fabulosos homenajes, incluyéndose mi cuento como encabezamiento obligado en las antologías del género; un modelo que quizás nunca pueda ser superado. Peculiar frenesí lo embargaba hasta hacerle perder la noción del tiempo y espacio, pero el cansancio pudo másy se derrumbó en la cama. Pocos instantes bastaron para que se quedase dormido. Tal vez su fértil imaginación anidando en el inconsciente hiciera que comenzase a soñar. Desde increíble paraíso de belleza inigualable se le aparece Neruda que le habla:-Ludovico, he leído lo que has escrito. Me decepcionas. Llamas al sol y a la luna por sus nombres. No observo una sola metáfora en tu cuento; olvidas que escribir sin metáforas es como bañarse sin jabón.- No bien finalizaó el insigne poeta de pronunciar estas palabras cuando emerge la figura de Borges:- me sé indigno de opinar, pero exultante por hallarme en inefable reino de paz, no vislumbrando en mi vidaterrena, y recuperada la perdida visión, le digo: osado Ariosto, su cuento mejor sería decir su nefasto intento, peca de ominosa palabrería, tierra fecunda en la que florecen superfluos adjetivos. Y acaso lo peor, no encuentro en él espejos ni laberintos. Creo que con supina ignorancia usted ha logrado consumar el más atroz atentado que elementales normas de la escritura podrían tolerar. |
Sin
despertarse, la inquietúd se apoderó del cuerpo de Ludovico que se retorcía en la cama.
Es el momento en que le surgen las imágenes de poe y Amado Nervo. Aquél le enrostra la
falta de intriga y de suspenso; éste, la carencia total de algún rasgo rpmántico. Las primeras horas del día encontraron a Ariosto apesadumbrado. Recordaba los menores detalles del sueño. Luego de realizar con visible desgano su acostumbrado trabajo en la empresa regresó a su departamento dispuesto a corregir la obra.- Ahora sí que lo haré bien- se dijo. Concluida ésta la colocó dentro de un sobre, retirándose a descansar. Durmió plácidamente sin sobresaltos. Al día siguiente ( sábado no laborable para él) se dirige en horas de la tarde a la casa de Rogelio, un editor amigo de la infancia. Le comenta su experiencia onpirica mostrándole la versión reformada del cuento.- He conseguido- le dice- satisfacer a todos. Repara en las exquisitas metáforas y como extirpé, a la manera de un audaz cirujano, lo innecesario; verás también el toque romántico de la rosa y la incertidumbre que le otorga suspenso al final- Mientras el editor lo leía, indisimulable estupor corrió su rostro. El texto expresaba:<<El dios dorado se acercó a la blanca reina de la noche corriendo a través de espesos laberintos con incrustaciones de espejos, para obsequiarle una rosa; ésta, lunática, lo miró despreciativa. ¿Cuál habría sido el motivo de su rechazo?>>. Rogelio, perplejo, poniendo una mano sobre el hombro de su amigo. - No te parece demasiado corto?- - Descuida Rogelio, descuida. Anoche tuve una visión fantástica que disipó mis dudas. Escuché en el cielo la voz de Gracián y sabes que me dijo:- por fín Ludovico has llevado a la práctica lo que vengo repitiendo durante varios siglos: lo bueno si breve...- |